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entrevista a HORTENSIA ASENSIO

¿Cómo fueron los inicios de su negocio?

Pues entonces había mucha pobreza, no había en las casas, en muchas casas no había frigorífico y tenían que venir a comprar por la tarde también, porque abría mañana y tarde, todos los días.

¿Tuvo el apoyo de su familia?

De la familia, claro, de mi marido, mis hijos, pues si no tenía más que la mayor, los otros nacieron estando en la tienda, así que poco me podían ayudar

¿Cómo se sintió al montar la carnicería en Pastriz?

Hoy muy contenta, porque necesitábamos trabajar. Yo he estado trabajando toda la vida al campo, animales que hemos tenido, y claro, al coger la tienda, pues ya me deshice de los animales y ya fue otra cosa.

¿Es necesario que los negocios se mantengan?

Aquí hace falta, ahora no hay ninguna carnicería, así que hace falta una carnicería y tienda ha quedado una. Estábamos entonces tres establecimientos, porque yo tenía la carnicería, pero tenía ultramarinos y de todo lo que quisieras pedir.

¿Qué opina del pueblo de Pastriz?

Se me han portado muy bien la gente, muy bien. Es más los domingos que tenía que estar cerrado, y estaba cerrado, bajaba de seis a ocho veces a partir carne y a buscar, porque los que viven fuera en el campo, pues esos venían y de Zaragoza venían a pasar el día aquí, y venían a por la carne y a por otras cosas. Días de no poder hacer nada en mi casa por estar atendiendo la tienda.

¿Qué opinaba su marido de su labor como carnicera?

Mi marido, pues como él también tenía que hacer sacrificio, porque trabajaba el campo, y después de venir por la tarde de trabajar, tenía que hacer matacia. Hacía la matacia hasta la noche, a lo mejor hasta las 10 de la noche, matando ternascos. Y el día de la patrona de Santa Ana, he abierto muchos días, porque la gente me hacía pedidos para venir a buscarlos ese día.

¿Comó ayudó a sus vecinos de Pastriz?

Tocó la temporada del tiempo que los maridos se iban a trabajar a Francia. Me tocó, y eso fue muy duro, eso fue muy duro, porque claro, mientras no tenían un jornal aquí en el pueblo y tenían que esperar a que trajeran los maridos el dinero, pues venían a mi casa, y a otros sitios a lo mejor también irían, no lo sé, pero yo puedo contar que muchas familias sobrevivieron porque yo les dejé.

¿Qué pasó con la carnicería?

Mi nuera la cogió. Ya entonces nos traían los ternascos de un matadero de Zaragoza, o no sé, sí. Y siguió todo, la tienda siguió igual.

¿Con qué edad se casó?

23 yo, 23 mi marido, 24, y nos casamos porque es que a mí, mis padres en aquellos años, no me dejaron ir un solo día con mi novio al cine, a Zaragoza, nada, tenía que venir mi hermano el pequeño conmigo. Y un año, para el Pilar, que fuimos a ver los toros por la noche, vino mi madre, y dijimos, ya vale. Y cuando me casé, me casé pues eso a los 23, yo 23, mi marido 24. Me pareció que me iba, bueno, me libraba de aquella opresión que tenía aquí en casa, yo no estaba más que para lavar, planchar, masar, que entonces se masaba, o sea que mi juventud fue trabajar, trabajar mucho, mucho, porque subía por la noche y tenía que hacer la cena para mis hijos, mi padre. También estaba mi padre, mientras vivió el hombre, claro, y después que los acostaba, me fregaba los suelos de rodillas, entonces de rodillas. Me fregaba el comedor, por ahí, lo que podía, porque al otro día, a las 6 de la mañana tenía que estar abajo, y después subía, en que hacía las salchichas. Y subía a vestir a mis hijas para que se fueran de aquí al colegio. Cuando eran pequeñas, al colegio de aquí. Después cuando fueron mayores, ya me ayudaban algo. Los fines de semana sobre todo me ayudaban. La una se quedaba conmigo en la tienda, y la otra pues haciendo las cosas de casa, pero estudiaron las dos. La mayor hizo Derecho, tiene la carrera de Derecho, y está trabajando en Vilanova i la Geltrú.

¿Se arrepiente de algo?

Con tanto trabajo que tuve esos años, no estaba para atender a mis hijos, no sé, para acogerlos, no podía, no me podía sentar. Ahora que veo a las madres los domingos, vamos y ya a todas las horas con los niños por ahí. Yo no he podido nunca, las pobrecicas, pues se me las llevaba la vecina, las sacaba algún día por ahí. Yo un sacrificio muy grande, porque a mis hijos no quería yo que les pasara lo que me había pasado a mí.

¿Qué piensan de usted los vecinos de Pastriz?

Desde luego la gente me aprecia mucho, las personas de Pastriz me aprecian mucho. Porque cuando salen mis hijos y me dicen, mamá, no hace la gente más que pararme a preguntar por ti, porque llevo ya unos días, una buena temporada, por lo menos un año, que no salgo de casa, no puedo.

Puedes ver el reportaje completo de Pastriz AQUÍ

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